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El capitalismo y la dictadura del hambre

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El capitalismo y la dictadura del hambre

Escrito por :

Ricardo León Yepes Pérez

Magíster en Gobierno y Políticas Públicas, Ex Concejal de Medellín.

 

Las teorías político económicas con las que nos han regido por más de 50 años utilizando la democracia para acceder al poder y el neoliberalismo como principal ideología de gobierno, han puesto en evidencia las fallas de un modelo que ha privilegiado la concentración de la riqueza, sobre la protección de las necesidades sociales. ¿Estamos ante una nueva crisis del capitalismo y una dictadura del hambre?

 

El informe más reciente de la ONU sostiene que finalizando el año 2020, el mundo tendrá más de 265 millones de personas aguantando hambre. La falta de acceso al alimento como mínimo vital en el desarrollo de una vida saludable, va mucho más allá del concepto de pobreza; es una consecuencia de la ineficiente aplicación de políticas públicas y la falta de atención a programas sociales por parte de los gobiernos.

 

Hoy con la enfermedad que estamos padeciendo en el mundo causa de la pandemia llamada COVID-19, se hace urgente trabajar para garantizar la seguridad alimentaria, puesto que lo más preocupante de todo esto, es que, de las personas que aguantan hambre, más del 50% son niños, quienes desde ya, están condenados a no recibir suficiencia y calidad del sistema de salud y educación.

 

La democracia a pesar de ser la mejor fórmula para llegar al poder, no ha sido utilizada para garantizar el desarrollo de una vida digna, y nos pone en evidencia que el problema no son las herramientas, sino en el uso que se hacen de ellas. Ese capitalismo que hoy se ha convertido en una dictadura del hambre; continua acentuando los altos niveles de desigualdad, nos sostiene en una sociedad estratificada, con niveles de atención deficientes en salud, educación y empleabilidad.

 

Es el mejor momento para reflexionar si las prácticas del neoliberalismo deben seguir ampliando la marginalidad con reformas tributarias, asfixiando con más impuestos la clase media, propiciando la avaricia de los bancos, o si debemos cambiar a nuevos modelos de gobierno que se centren en solucionar problemas vitales como la pobreza, la educación y el empleo digno.

 

Es hora que las instituciones públicas, por lo menos eviten que la crisis del hambre termine en una explosión social, llena de desafíos a la autoridad, de destrucción del orden público, vandalismos, y el debilitamiento de la fuerza pública. La visibilidad de los problemas sociales que dejará la crisis, solo logrará agudizar las dificultades de la economía y las formas de gobierno actuales seguirán perdiendo credibilidad, porque su práctica afecta negativamente la equidad social.

 

En conclusión, el buen uso de la democracia es la única que nos permitirá armonizar la correlación entre la implementación de verdaderas políticas públicas, las buenas prácticas de gobierno y su impacto social. Nuestra sociedad pide a gritos un cambio de paradigma político que centre su atención en aspectos más humanos y sociales. Es tiempo de evolucionar a nuevas propuestas de gobierno que actúen sobre teorías políticas que disten de las actuales.

 

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